Un condado por veinticinco monedas

Nora Ruzhina, más conocida como la Encantadora de Serpientes, permanecía erguida en su asiento. Frente a ella, al otro lado de la mesa que presidía la sala, la persona que había requerido sus servicios terminaba de exponer los detalles del trabajo. Se trataba de una mujer de mediana edad que destacaba por su volumen descomunal. Ni siquiera el ceñido vestido morado oscuro que llevaba conseguía disimular la envergadura de su cuerpo. Sus pechos rebosaban por el escote y de su cuello, invisible tras la papada flácida, pendían collares exquisitos que costaban más de lo que Nora ganaría en toda su vida. El nombre de la señora era Silvana de Alkanan y era la duquesa de Rottan.
La Duquesa entrelazó los dedos, adornados todos ellos con anillos de oro y gemas preciosas, y apoyó la barbilla sobre ellos. Una sonrisa ladina asomó en sus labios.
—¿Y bien, Encantadora de Serpientes, crees que podrás hacerlo? ¿O acaso se trata de un encargo demasiado complejo para ti?
—¡Claro que podremos hacerlo! ¿Quién se ha creído que somos?
El que había hablado esta vez había sido el guerrero que permanecía de pie junto a Nora, un hombre no muy alto pero sí fuerte, que movido por el momento llevó su mano izquierda a la empuñadura de su espada, haciendo ademán de desenvainarla.
Pero la cazarrecompensas lo detuvo con un gesto.
—Ni se te ocurra, Igor.

Sigue leyendo “Un condado por veinticinco monedas”

Puerto Espiral

Es curioso que en Puerto Espiral, una ciudad-espaciopuerto de gran afluencia donde las naves interestelares aterrizaban por doquier, nunca se veían las estrellas.
Situado en el sistema solar 176503, el planeta X-176503 (cobijo de Puerto Espiral y hermano de los planetas Y-176503 y Z-176503) daba vueltas alrededor de una enana blanca a la que todos llamaban Sol por nostalgia. Pero X-176503 (o X a secas, que era como lo conocía todo el mundo) tenía una relación astrosíncrona con Sol y por eso siempre le mostraba la misma cara a la estrella (como ocurriese con la Luna alrededor de la Tierra).
De ahí que en Puerto Espiral, ubicado en la parte iluminada del planeta, nunca se hacía de noche.

Sigue leyendo “Puerto Espiral”

El vertedero

El último dueño que había tenido había sido tan desgraciado como para bautizarla con el nombre de Cosa. Por eso, cuando al fin pudo escapar de las garras de aquel degenerado, consiguiendo así su libertad, lo primero que hizo fue elegirse uno nuevo. Uno bonito, uno de verdad; uno que no tuviera nada que ver con sus vidas anteriores.
Y a partir de ese momento se hizo llamar Lula.
Lula era un androide, un modelo BRUWAR de segunda generación. Su número de serie era C-AAYW-280074 y había sido fabricada en Ciudad Frontera, hacía un montón de años. Durante su larga vida había vivido en Kisp, en Gelko y en una granja perdida de las montañas de Ur.
Sin embargo, el único lugar al que ella había considerado su hogar eran los suburbios de Capital, a los que había llegado después de conseguir su nombre.

Sigue leyendo “El vertedero”