Cosas que he aprendido durante este #NaNoWrimo19

Este noviembre, como cada noviembre desde hace muchos años, se ha llevado a cabo el NaNoWriMo(National Novel Writting Month), que es una iniciativa que consiste en escribir una novela de 50.000 palabras en un mes y que pretende animar a la gente a escribir, crear una rutina de trabajo y hacer que el apoyo mutuo nos anime en momentos de bajón.

Este ha sido el primer año que he conseguido superar el reto, pero lo he hecho con un planteamiento un poco diferente al habitual: mi objetivo no era tanto las palabras sino dedicarle un tiempo concreto a la historia cada día para crear una rutina alrededor de esta. ¿Por qué lo he hecho así? Porque las primeras veces que participé no conseguí superarlo y con el tiempo me di cuenta de que lo que ocurría era que el planteamiento «oficial» no me satisfacía y necesitaba crear uno que se ajustara a mi método de escritura. Y de ahí nace esta entrada. Esta es mi experiencia personal y espero que quizás os ayude a encontrar vuestro propio camino.

Mis primeras veces

2013-participant
NaNoWriMo 2013

La primera vez que participé en el NaNoWriMo fue en 2013. No me fue bien. Como soy (o era) escritora de brújula, empecé una novela sin planificar, dispuesta a la aventura. Pero hubo varios factores que hicieron que acabara abandonando hacia la tercera semana:

  • Trabajaba 9 horas al día fuera de casa y cuando llegaba estaba hecha polvo.
  • No tenía escaleta y llegó un momento en el que no sabía cómo avanzar.
  • Como perdía mucho tiempo ploteando, el contador de palabras no subía y eso me frustraba muchísimo.
  • Como mi método de escritura se había basado siempre en «repasar lo escrito para que el cerebro se me active y me ayude a decidir que ocurrirá a continuación», pero el reto del NaNo lo que promueve es justo lo contrario: «no repases, avanza, avanza y avanza», eso me bloqueaba.

El año siguiente, 2014, volví a intentarlo con otra novela distinta. Y me volvió a ocurrir exactamente lo mismo. Por eso, después de esas nefastas experiencias decidí que el NaNo no era para mí y lo puse en mi lista negra junto a los adjetivos “destructor de creatividad”, “no hecho para mi método de escritura”, “generador de ansiedad”. Y me olvidé del tema.

Hasta que llegó 2019 y como mi vida había cambiado tantísimo y tenía ganas de probar cosas nuevas, decidí intentar un Camp NaNo, que es una especie de NaNo que se organiza fuera del oficial y en el que el mismo escritor/a elige sus objetivos: dedicarle tantas horas, conseguir tantas palabras, avanzar en una historia, corregir, organizar.

Como sabía por experiencia que lo de contar palabras me estresaba mucho, decidí hacer un reto por tiempo: le dedicaría a la historia una hora cada día, ya fuera ploteando, escribiendo, corrigiendo o mirando las musarañas mientras pensaba en los personajes.

El resultado no pudo ser mejor: en un mes escribí casi 45.000 palabras y terminé el proyecto.

¿Qué cambió respecto a las otras dos veces en las que lo había intentado? Fácil:

  • Lo primero, tenía más tiempo libre, porque había dejado mi trabajo y aunque estaba estudiando, estaba en el último mes del curso y la carga de trabajo era menor.
  • Lo segundo y más importante: yo misma había cambiado gracias a la terapia que estaba haciendo y me veía mucho más capaz de enfrentarme a retos como ese que suponían una presión importante.
  • Empecé a contar por tiempo. Eso me quitó una presión enorme de encima. No tenía que alcanzar un mínimo, lo que me quitaba la sensación de ser un fraude si no llegaba. Simplemente me sentaba delante del ordenador durante una hora y disfrutaba de mi historia.
  • Los dos primeros días de ese NaNo los dediqué a hacer un guion a grandes rasgos. Eso me ayudó muchísimo a no perderme y a saber en cada momento qué estaba haciendo y adónde quería ir.

Podemos decir que ese experimento me ayudó en dos cosas, principalmente. La primera fue en crear rutina más que en obligarme a escribir. Organizaba un rato agradable alrededor del hecho de sentarme a escribir, que no tenía nada que ver con cumplir unas cuotas que en realidad eran falsas para mí. Yo no quería escribir 1.667 palabras al día, yo lo que quería era escribir una historia. Y necesitaba que eso me satisficiera.

La segunda fue que me ayudó a organizarme. Soy una persona muy caótica y siempre he creado desde el caos. Pero sentarme esos dos primeros días y planificar la historia y lo que tenía en la cabeza sobre ella (aunque fuera a grandes rasgos) me ayudó a crear unos objetivos. Y esos objetivos no tenían nada que ver con las palabras, sino con la historia misma. Eso no quiere decir que luego no cambiara cosas o que improvisara por el camino. Pero lo hacía con una base que me ayudaba a reconducir la situación si me alejaba demasiado y la ansiedad que me provocaba el vacío se hacía demasiado grande.

2019: expectativa vs. realidad

Expectativas-vs-realidad-Parte-II
Fuente

Así pues, con esos excelentes resultados, decidí que este año me enfrentaría de nuevo al NaNoWriMo, pero lo haría con un planteamiento completamente diferente a los dos primeros intentos, más ligado a lo que hacía sido el CampNaNo de verano. Yo no era la misma, así que mi NaNo tampoco lo iba a ser.

La organización fue clave para mi éxito, pero también el hecho de darme manga ancha, de ser muy flexible conmigo y de confiar en mi intuición. La organización teórica que planteé fue:

  • Decidí que le dedicaría dos horas al día a la historia, ya fuera escribiendo, organizando o simplemente pensando en ella.
  • Me hice un horario bastante estricto de escritura, teniendo en cuenta cuáles eran mis mejores horas para escribir y todas las otras cosas que tenía que hacer durante el día.
  • Hice un guion muy preciso de la parte que calculaba que iba a escribir (porque se trata de una historia muy larga y sabía que no me daría tiempo a terminarla.

Lo que en verdad ocurrió fue un poco distinto, pero aun así no se alejó demasiado de lo anterior, sino que fue una evolución práctica:

  • Hubo algunos días (no muchos) en los que no cumplí lo de las dos horas, pero sí le dediqué un mínimo de una hora al día CADA DÍA al proyecto (un día esa hora se limitó a 45 minutos, pero fue la única excepción, y, además, al día siguiente la compensé).
  • Cumplí con el horario durante aproximadamente una semana y media. Luego empecé a improvisar según mi estado de ánimo, escuchando mucho a mi cuerpo sobre cuando sería un buen rato para escribir. Soy una persona muy intuitiva, así que he aprendido a saber cómo fluir con los designios de mi inconsciente. Él (¿ella?) suele tener más razón que yo.
  • También fue muy importante para mí aprender que lo de las dos horas no tenía por qué ser del tirón, podía escribir en tres tandas de 40 minutos distribuidas a lo largo del día con igual resultado o incluso mejor, porque después de una hora de trabajo suele bajar mi rendimiento.
  • El guion me fue muy bien al principio, pero luego improvisé un poco y cambié algunas cosas. También decidí explorar una parte de la que no había preparado nada. Aun así, al tener mis momentos de dedicarme a simplemente sentarme a organizar la historia, me ayudó muchísimo a seguir adelante. Escribir no es solo sacar palabras, también es sentarte a organizar lo que llevas escrito, o ir a dar un paseo mientras piensas en la estructura que has organizado y entonces decides cambiarla porque se adecúa más a lo que quieres contar.

Qué he aprendido

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S O C I A L . C U T

Todo eso me ayudó a aprender unas cuantas cosas sobre cómo enfrentarme a un reto como el NaNoWriMo y a sacarle partido en mi propio beneficio, que al final es lo que cuenta, porque esto no es una competición para ver quién consigue las 50.000 palabras, sino que te pongas y escribas esa historia que siempre estás aplazando y nunca terminas.

Cosas que creo que son importantes de recordar cuando te enfrentas al NaNo:

  • No te obsesiones con las palabras. Es difícil, pero es primordial. Yo soy de la opinión (y aquí cada uno/a puede creer lo que quiera) que escribir por escribir no aporta. Si escribo 10.000 palabras y luego las tengo que tirar a la basura, me entra un algo. Necesito crear con la idea de que lo que hago será provechosos (aunque algunas veces no lo sea). Eso no quiere decir que luego el texto no necesita una buena corrección, pero, para mí, escribir una escena innecesaria no me ayuda en mi proceso creativo. Al contrario.
  • Date flexibilidad y perdónate. El día en que solo le dediqué 45 minutos a la historia (que ni siquiera fueron de escribir, sino de garabatear ideas en un cuaderno) fue un día bastante malo y me sentí muy frustrada y culpable. Pero a la mañana siguiente me senté y pensé profundamente en ello. Entonces, me di cuenta de que ese estado de ánimo derrotista tenía en realidad poco que ver con el hecho de no haber escrito nada, así que me perdoné y me centré en todo lo que había conseguido y en el valor de las ideas que había sacado. Además, al día siguiente, y casi de forma natural, le dediqué una hora extra al proyecto.
  • Sé consciente de hacia dónde vas y qué quieres conseguir. Tener una buena escaleta es necesario para no perderse. Pero no se trata de seguirla al pie de la letra, sino de usarla como un punto de apoyo para cuando el vacío te abruma. No pasa nada por improvisar, por saltarte la escaleta o por explorar otros caminos si te sientes con la necesidad de hacerlo.
  • Saltarse las normas también está bien. Las «normas» sobre el NaNo que corren por ahí (no corrijas, no mires atrás) no son dogmas. Cada uno tiene su proceso creativo y debe respetarlo en la medida de lo posible. Si sabes que te distraes con facilidad, intenta no hacerlo. Pero, del mismo modo, si sabes que tu inspiración necesita que releas parte de lo último que escribiste para activarse, hazlo, porque si no ¿cómo vas a crear? Escribir también es sentarte a organizar la historia si crees que lo necesita. ¿Qué con eso no alcanzas las 50.000? Y qué. ¿Estás aquí solo por las palabras o quieres escribir una novela?
  • Conócete. No es lo mismo escribir 50.000 palabras en un mes cuando trabajas ocho horas fuera de casa y tienes gente a tu cargo, que cuando puedes organizarte el horario y buscar más ratos para ti. Ten en cuenta tus límites y no te castigues por ellos. Si a la historia solo le puedes dedicar una hora al día y tu ritmo de escritura es de mil palabras la hora, sé consciente de que no podrás conseguir mucho más de 30.000. No te machaques con una carga innecesaria si esta va a estropear el resto de parcelas de tu vida.

Y esto es todo. Espero que estas ideas y confesiones un tanto personales os hayan parecido interesantes y os puedan aportar algo positivo a vuestro propio proceso. Si tenéis algún comentario o queréis comentarme vuestras propias ideas o procesos, recordad que podéis hacerlo un poco más abajo en los comentarios.

Publicado por Anna Roldós

Editora y escritora de fantasía y ciencia ficción.

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