Cómo enfrentarse a la maquetación digital: un ejemplo

Llevo unos días trabajando en algunas maquetaciones digitales, debido a un proyecto que tengo entre manos, y por eso se me ocurrió que podría hacer algún tipo de entrada para poner un ejemplo de cómo debería ser una maquetación digital y en qué se diferencia esta de una maquetación de un libro en físico.

Sin embargo, la idea me resultaba tan basta y etérea que no sabía cómo enfocarla. Hay muchas maneras de hacer maquetaciones digitales, todas ellas correctas y muy diferentes entre sí. Así que dar unas directrices concretas no tiene demasiado sentido, porque el diseño en sí depende el maquetador/diseñador.

Después de darle un par de vueltas, llegué a la conclusión de que podía poner un ejemplo práctico para tratar el tema y que se viera con más claridad y concreción. Por eso, os voy a hablar de una maquetación propia y de los motivos que me han llevado a tomar ciertas decisiones en ella, para que veáis algunas de las cosas que puede llegar a plantearse la persona encargada de diseñar la maquetación digital cuando se enfrenta a ella.

Antes de nada, creo que es importante recordar y resaltar que un libro digital no es lo mismo que un libro físico; de hecho, se parece más a una página web. Por eso, cuando nos planteamos su maquetación y estructura, algo que debemos tener en cuenta y que es fundamental es que el libro digital no tiene por qué tener una forma lineal.

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De hecho, el uso de los hipervínculos nos puede ayudar a crear una navegación interna que pase totalmente por alto esa linealidad, saltando de un punto a otro o abriendo varios caminos al mismo tiempo.

Sin embargo, y aunque pueda sonar contradictorio, también hay que tener en cuenta que el libro digital no es exactamente una página web y que por lo tanto no lo podemos diseñar como tal. Eso se debe a que los lectores digitales no tienen la versatilidad de los ordenadores u otros dispositivos para reproducir estos diseños de manera eficaz y útil en la pantalla. Por eso es importante que esos diseños y estructuras que elijamos sean a la vez sencillos, estéticos y efectivos, para que puedan reproducirse de forma correcta en todos los ereaders, incluso aquellos menos sofisticados.

El ebook del que os voy a hablar y a usar como ejemplo es Las lunas de Lármor, una novela que autopubliqué en formato digital y que tiene como particularidad que incluye dos finales alternativos, además de un relato independiente. Si os interesa analizarla, la tenéis disponible la modalidad de pago social en la plataforma Lektu [aquí].

A continuación, os detallo cinco puntos que considero importantes en la toma de decisiones que llevé a cabo durante esa maquetación.

Tabla de contenido en html

Este punto no es específico de este libro, sino que es indispensable para cualquier publicación digital en formato epub o mobi. En un libro digital es imprescindible tener un índice para poder movernos con rapidez sin tener que andar pasando página por página. Aunque parece una obviedad, me he encontrado libros electrónicos, incluso publicados por editoriales, que no tenían esa tabla de contenido.

Teóricamente, los lectores digitales deberían generar esos índices de forma automática leyendo el archivo toc.ncx, que incluyen todos los ebooks y que es precisamente la table of content de este. Pero hay modelos menos sofisticados que no lo hacen. Por eso es tan importante añadir también el índice en formato html, para asegurarse de que facilitamos una navegación sencilla en todos los dispositivos.

Introducir esta tabla de contenido con en el programa Sigil, uno de los más utilizados para la maquetación digital, es tan sencillo como ir a Herramientas > Tabla de contenido > Generar tabla de contenidos, y una vez generadas esa tabla ir a Herramientas > Tabla de contenido > Crear tabla de contenidos en HTML.

Panel de navegación

Como hemos dicho antes, un libro digital se parece más a una web que a un libro en papel, porque su navegación no lineal. Así pues, ¿por qué no dar al lector la posibilidad de conocer su contenido y darle a elegir la forma en que lo leerá, sin marcarle un orden predeterminado?

Quizás la persona que ha adquirido el libro quiere empezar a leer cuanto antes, o quizás quiere saber primero quién es el autor/a y leer su biografía. En el caso de mi libro, que incluía un relato independiente, podía darse el caso de que lo primero que quisiera hacer fuera leer el relato.

Por eso, considero muy recomendable que lo primero que se incluya en los ebooks, después de la portada y portadilla (e índice HTML si este se pone al principio, aunque también puede ir al final), sea un panel de navegación que indique todo aquello que incluye el libro. Confieso que esta idea la extraje hace algún tiempo de la editorial Tor y de cómo maquetan ellos sus libros.

panel de navegación

Los créditos, al final

En los libros físicos, los créditos suelen ir al principio. En el cine y los videojuegos, en cambio, van al final.

Personalmente creo que cuando los créditos están al principio, a menos que se trate de una obra de consulta en la que debamos buscar alguno de esos créditos para trabajar, muy poca gente los mira, porque todavía no se ha involucrado con la obra y esa información no le interesa, y más tarde ya no regresa a ella para consultarla.

Sin embargo, cuando los créditos están al final, y aunque sigue siendo cierto que la mayoría no les presta atención, ocurre que si la persona que ha leído el libro siente curiosidad por algún detalle en concreto, sí se puede tomar la molestia de echarles un vistazo, para conocer el nombre de los responsables que se han involucrado en el proceso de creación.

Además, se puede facilitar el acceso a esos créditos desde el panel de navegación, para aquellos casos en los que el lector necesite consultarlos en un momento dado.

Las advertencias de contenido

En mi caso quise probar con el tema de las advertencias de contenido o trigger warnings, de las que os hablé en esta otra entrada y que considero que pueden ser una buena herramienta para el lector. Quería introducirlas de manera que fueran fácilmente accesibles, pero que no estropearan la experiencia a aquellas personas que no querían verlas.

La solución que escogí fue crear una página para ellas, que es la última del libro y a la que no se puede acceder por casualidad pasando páginas, y coloqué un enlace de acceso a esa página en dos puntos importantes que creí que el lector o lectora podría leer antes de empezar el libro: el panel de navegación y la introducción. A partir de ahí, es la persona en concreto la que elige leer esa información, sin estropear la experiencia a aquel que no quiera hacerlo, respetando a ambos por igual.

Escoger un final

Al tratarse de una reedición de una obra que ya tenía publicada, me apetecía añadir un final alternativo que escribí hace tiempo. Al principio no tenía muy claro cómo hacerlo: ¿sería confuso?, ¿era mejor borrar el final original y poner solo el alternativo? Pero después de pensar mucho en ello, el mismo libro digital me dio la respuesta: en este caso no tenemos una navegación lineal, así que no hay problema en incluir los dos y dar la oportunidad al lector de que escoja.

Mediante un nuevo panel de navegación (con un diseño que en mi caso busqué que rompiera la cuarta pared para que yo, como autora, pudiera dirigirme directamente al lector y hacerle una pregunta) cree dos rutas de lectura: el final original y el alternativo.

Una bifurcación como esta puede integrarse de muchas formas distintas, y cuya forma puede venir dada por el editor/a o el autor/a: puede apelarse al lector para que tome una decisión según su punto de vista, que decida por el personaje, o incluso crear una decisión a ciegas. Las posibilidades son infinitas y a gusto del consumidor.

escoger final

Son muchas las posibilidades cuando nos enfrentamos a una maquetación digital, pero como en todo, debemos preguntarnos el porqué de nuestra toma de decisiones y también ponernos en la piel del lector y en lo que él o ella espera del libro y cómo le podemos facilitar la experiencia.

Pero, además, debemos tener en cuenta que no estamos maquetando en papel. Entonces: ¿por qué quedarnos con la estructura tradicional de un libro y trasladarla de la misma forma exacta a la pantalla, cuando tenemos tantas posibilidades distintas y quizás más adecuadas y satisfactorias?

Como podemos ver, maquetar un libro en formato digital no tiene por qué hacerse de la misma manera que un libro físico y el hecho de que tengamos a nuestra disposición los hipervínculos genera muchas nuevas oportunidades de enfocar la lectura de una manera distinta. De todos modos, también debemos tener en cuenta que estos nuevos diseños no deben hacerse de forma arbitraria y tienen que responder a una necesidad real del autor o del lector y que, además, deben tener un diseño sencillo que se adapte fácilmente a todas las pantallas.

¿Parece complicado? En realidad no lo es tanto. Solo hace falta practicar un poco y tener la mente muy abierta.

Publicado por Anna Roldós

Editora y escritora de fantasía y ciencia ficción.

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