Sobre trigger warnings o advertencias de contenido sensible

Desde hace algunos años, el mundo de la enseñanza (sobre todo el de la enseñanza universitaria estadounidense) se ha visto inmerso en el debate sobre la necesidad de incluir las advertencias de contenido sensible o trigger warnings en las clases y también en las lecturas, para ayudar a aquellas personas que lo necesiten a enfrentarse a lecturas problemáticas, lo que ha trasladado el debate también hasta el mundo de la literatura y de la edición. De hecho, ya hay editoriales que los usan, y en el mundo del fanfic (sobre todo en el portal Archive of Our Own) su uso está muy extendido.

¿Pero qué son exactamente los trigger warnings?

Si nos vamos al Diccionario de Cambridge, este los define como: «Declaración a principio de una obra escrita o al inicio de un vídeo, etc., para avisar al público de que pueden encontrar contenido muy perturbador, en especial si este ha sufrido una experiencia similar. Se supone que los trigger warnings protegen a la gente de recuerdos postraumáticos».

Cuando hablamos de contenido sensible nos referimos a cierto tipo de contenido específico que puede causar una fuerte reacción fisiológica en personas que sufren de estrés postraumático o de desórdenes por ansiedad. Así, las advertencias se colocan para advertir al lector de ese contenido. La actitud del lector en esos casos puede ser la de enfrentarse a esa lectura siendo consciente de lo que se encontrará en ella y, por lo tanto, preparándose mentalmente (a veces, encontrarse contenido sensible sin esperarlo es lo que genera mayor impacto, mientras que si el lector va sobre aviso, puede activar mecanismos de defensa para que la lectura no le afecte tanto), o bien la de no leer el libro, porque no se siente capacitado para hacerlo.

Algunos estudios aseguran que la evitación de este contenido sensible puede generar conductas evitativas que impidan que esas personas desarrollen herramientas propias para enfrentarse a sus miedos y convierten sus traumas en el centro de su identidad. Sin embargo, como editores pienso que es importante que nos planteemos quiénes somos nosotros para juzgar la manera en que cada uno afronta sus traumas. Si a una persona le da miedo coger el autobús porque le dan miedo las multitudes, no le vamos a obligar a subir en uno; como mucho le recomendaremos que busque ayuda para superar sus miedos. Por eso, pienso que es lo mismo con los libros: si una persona ha sufrido violencia sexual o no soporta el maltrato animal, y no quiere leer libros que se lo recuerden, nadie debería obligarle a hacerlo. Que luego esa persona, por iniciativa propia, decida trabajar en sus miedos y acuda a un especialista para hacerlo, es otro tema. Quizás cuando lo haya hecho y se sienta fuerte pueda volver a esas lecturas que tuvo que dejar de lado porque no se atrevía a enfrentarse a ellas. Creo que nadie debería tener el poder sobre otro para escoger por él o ella, ni siquiera un editor, y si una persona no está preparada para una lectura, no se la puede obligarla a pasar por ella «para endurecerse» o para «superar el trauma». Las cosas no funcionan así. Por eso, si como garantes de la literatura y de compartir el conocimiento está en nuestra mano hacer más fácil y más accesible esa literatura y cultura, no veo por qué no vamos a ponérselo más fácil a aquellos lectores que lo necesiten.

Citando a la terapeuta Sheffa Ariens, consultora de la editorial Thorntree Press, y que les ayudó en su proceso de desarrollo de las advertencia y notas de contenido sensible para su libro Purple Prose:

«El objetivo no es proteger al lector del contenido problemático, sino dejar que decida si el momento en el que se encuentra es el mejor para aproximarse a ese contenido. Por ejemplo, si el lector tiene una depresión profunda y quiere leer un artículo sobre niños-soldado en Uganda, será de mucha ayuda saber cómo de doloroso a nivel emocional puede llegar a ser el artículo… El objetivo es el consentimiento y la autorregulación».

Caution
Goh Rhy Yan

Las advertencias de contenido sensible no deben confundirse con la censura. Como su nombre indica, se trata de «advertencias»: avisan a las personas que lo necesitan de un contenido que les puede causar daño. La mayoría de los lectores no las necesita y, por supuesto, no las consulta. Tampoco son una forma de señalar al autor (no están en contra de lo que ha escrito, están dirigidas al lector) ni de destripar la obra; así pues, su definición es genérica, no se trata de especificar una escena en concreto, solo de advertir que en cierto momento la historia aborda cierto tema. De todos modos, si alguien no quiere saber qué contenido posee la obra, no tiene ninguna obligación de consultar esas advertencias, mientras que una persona que sea consciente de que determinadas escenas le resultan dañinas, puede evitarlas gracias a esas advertencias.

Como siempre suele ocurrir en estos casos, los círculos no comerciales son mucho más abiertos a la innovación y a la propuesta de nuevos modelos, y por eso encontramos en el mundo del fanfic un uso tan extendido de los trigger warnings.

Un ejemplo muy gráfico de eso es el del portal Archive of Our Own, uno de los más usados para la publicación de fanfics. Este sitio web ha desarrollado un sistema de clasificación propio de las obras que se publican allí, que incorpora por una parte una clasificación a partir de una lista de opciones predeterminadas y estandarizadas (fandom al que pertenece la historia, personajes, tipo de pareja, rating), pero que al mismo tiempo añade un sistema de etiquetaje que permite añadir las tags (etiquetas) que se deseen para describir la obra: tanto los tropes (que son convenciones en la narración, una manera abreviada de describir situaciones que el narrador asume que su audiencia va a reconocer), como los trigger warnings. De ese modo, cuando un usuario utiliza el buscador del portal para encontrar una obra que encaje con sus gustos o deseos puede escoger tanto elementos que quiere que estén presentes, como los que no.

Llegados a este punto, en el que parece tan evidente que el uso de advertencias de contenido sensible es más ventajoso que contraproducente, el debate quizás debería trasladarse a definir qué temas deben marcarse problemáticos, porque abusar de etiquetas tampoco es la solución. En la página de Wikipedia del término trauma trigger se explica que los disparadores de ansiedad son personales y específicos, y dependen de la experiencia de cada persona. Sin embargo, hay una especie de acuerdo general para definir el contenido que merece el calificativo de material de contenido sensible: la violencia (física, sexual, discriminatoria) y las enfermedades mentales (suicidio, desórdenes alimenticios, autolesiones). En la Geek Feminism Wiki, encontramos un listado de lo que los blogs feministas agregados y los escritores pertenecientes al fandom consideran como tales.

En España tenemos algunos ejemplo de editoriales que utilizan un sistema de advertencias de contenido sensible, como son Cerbero o Hati. Por otro lado, en el artículo «Content notes and trigger warnings: a premier for editors», publicado en el portal Talk Science To Me, Ilnyckyj da unos cuantos consejos muy buenos para editar obras con advertencias de contenido sensible (el artículo es en inglés, pero os lo recomiendo mucho si os dedicáis a esto de la edición). Estos tips son:

  • Utilizar las advertencias solo cuando sea necesario. Avisar, pero no asustar. Muchas veces, lo que buscan las advertencias de contenido es ayudar al lector con un pasaje complicado que puede causar problemas, llevarlo de la mano en esa experiencia, por lo tanto, hay que ir con cuidado sobre cómo se avisa para que el aviso no cause más daño que el propio texto.
  • Trabaja con el autor y con expertos en la materia. Sobre todo cuando no conoces lo suficiente una materia para determinar si es potencialmente perturbadora.
  • Coloca las advertencias en un lugar adecuado. Aquí entra en juego el diseño del libro: saber dónde puede buscar ese posible lector la advertencia, pero sin dañar el flujo del libro (y aquí añado una apreciación persona: ¡y sin que esas advertencias afecten a la gente que no quiere leerlas!).
  • Ten en cuenta todos los formatos del libro. La gente no lee los ebooks de la misma forma que los libros de papel, así que hay que buscar la manera de que esas advertencias, como en la edición física, sean fácilmente encontrables sin molestar.

En conclusión, las advertencias de contenido sensible son un recurso que las editoriales deberían empezar a tener en mayor consideración. A pesar de que puedan tener ciertas desventajas, bien usadas también pueden ayudar al lector que sufre de estrés postraumático o de ansiedad a escoger si es un buen momento para enfrentarse a una lectura o, por el contrario, no está preparado emocionalmente. Vivimos en una sociedad que busca ser cada vez más empática con todas las formas de ver el mundo y tomarse más en serio la salud mental, ¿por qué no utilizar una herramienta que nos ayude a alcanzar este objetivo?

 

Referencias:

Huang, Angela. (26/11/17). «Do books need trigger warnings?». En The Boar: https://theboar.org/2017/11/books-need-trigger-warnings/.

Palus, Shanon. (12/07/19). «The latest study on trigger warnings finally convinced me they’re not worth it». En Slate: https://slate.com/technology/2019/07/trigger-warnings-research-shows-they-dont-work-might-hurt.html.

—. (12/12/17). «An introduction to content warnings ans trigger warnings». En Inclusive Teaching: https://sites.lsa.umich.edu/inclusive-teaching/2017/12/12/an-introduction-to-content-warnings-and-trigger-warnings/.

Publicado por Anna Roldós

Editora y escritora de fantasía y ciencia ficción.

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